Capitulo 1 Es increíble levantarse, sentir el sol en tu rostro y saber que va a ser un buen día. No hay nada planeado simplemente tranquilidad. A pesar de tener un par de preocupaciones en la parte occipital de mi encéfalo, puedo levantarme un día mas, sabiendo que la pasare muy bien. Me levanto de mi cama que muchas veces se siente como un océano de telas y texturas que me envuelve, para no sentir frio y me protege de los duendes de la resaca y la llovizna. Camino sobre mi alfombra, y los poros de la planta de mi pies sienten cada una de las fibras de la alfombra, es como si me estarían hablando, contando secretos íntimos sobre mi futuro. Llego hasta la ducha, pierdo mi ropa entre la neblina espesa olor a menta, y me sumerjo dentro de una lluvia cálida de agua con cloro, proveniente del manantial de mi cisterna. Mientras las gotas rebotan sobre mi piel semipermeable, oigo chispas de silencio rebotando contra cada uno de mis sentidos, haciéndome acuerdo no solo que estoy vivo, pero que cada uno de mis sentidos está despierto, ansiando más desarrollo, gritando por mas atención. Cierro los ojos para tratar de distinguir la música que emana el vapor mientras revolotea sobre mi cortina de baño, lo único que puedo reconocer es un grito callado de desesperación, ahogándose en el poderoso océano de mi quemeimportismo. Cierro las llaves, y el agua deja de caer abruptamente, me cubro con una toalla tan grande como una sabana de motel de 3 estrellas, y camino hasta el medio de mi cuarto. Tengo Ropa limpia esperando por lanzarse sobre mi cuerpo desnudo, no es que la haya elegido para verme bien, simplemente quiero estar cómodo mientras camino en medio del valle de los muertos, la sexta paila del infierno y la Universidad San Francisco de Quito.
Sin darme cuenta no solo estoy vestido, sino que me encuentro saboreando un delicioso pedazo de pastel de chocolate con almendras, sentado en el medio de mi cocina , mientras veo un ridículo programa de televisión, que a pesar de ser insulso y aburrido, me saca un par de sonrisas. Acabo mi desayuno chocolatoso, y antes de salir de mi casa, me tomo unos minutos para pensar que es lo que voy a hacer el resto del día. Salgo de mi casa, me escabullo en medio del trafico infernal oyendo música que me tapa los oídos y antes de darme cuenta e arribado a mi destino. Tengo que cumplir mis responsabilidades, pero aquí es donde mi día podría dejar de ser bueno y convertirse en malo. La horizontalidad y la repetición de los estudios me pueden volver loco. Me siento tan afortunado de tener a mi lado grandes personajes, que me acompañan diariamente en mis paseos en el valle de la universidad de la pagoda. No solo me hacen reír, pero muchas veces dejan de ser simples personajes cómicos y de una u otra forma dan armonía a mi vida.
Se acaba el día en la universidad, los monos se comen a las gringas, los jedis corren en los techos y las perras salen a los patios. En el medio yo, esperando que algo pase, esperando con tranquilidad, caminando a mi vehículo, sin ningún tipo de preocupación, cargo de conciencia o sentido de responsabilidad. Me dejo transportar por la música una vez más, y aterrizo sobre mi alfombra que me recibe con los brazos abiertos. Mis sentimientos se quedaron atrapados en la señal de TVcable, y me pierdo una eternidad y siete cuartos, en un juego de video, mas insulso que un alfajor de sal remojado en chocolate frio con natas.
Abro mis ojos y veo mis manos, manchadas con tinta de colores y pasta de dientes. Estoy esculpiendo el busto del último de los antepasados de nuestra ciudad en un material que no logro reconocer, pero huele a rosas y jengibre. Estoy cansado de hacer esta figura, la boto y rebota contar el piso violentamente. Me levanto rápidamente y corro hasta mi cocina, abro la refrigeradora y lleno mi boca con yogurt de mora y queso mozzarella light sin sal. Corro rápidamente hacia mi cuarto, parece que he recorrido kilómetros, me tropiezo con un zapato talla cuarenta nueve y medio, propiedad de uno de los duendes que vive en el cajón derecho inferior de mi cama. Mi cabeza golpea el piso mientras los dedos de mis pies acarician las manchas de humedad del techo. Pierdo el conocimiento, y me sumerjo en un universo de sueños más real que la realidad pero mucho más tierno y terrible.
Continuara...
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